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martes, 16 de marzo de 2010

Sin título 1

"If I can't fly, at least let me sing" es, digamos, una de mis pocas filosofías de vida. Pero hoy no puedo cantar porque no hay canción alguna. Está vacío, profundo. Puedo saltar a ese vació en mi interior y caeré, porque no puedo volar, porque no puedo cantar.

¿Qué es el sonido de mi voz en el vacío sin nadie que lo escuche? ¿Qué es ese vacío? ¿Qué me está pasando? ¿Por qué no estoy cantando?

"No hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada", es cierto. Si no sientes nada, pues hay vacío, y si está vació pues no hay canciones. Pero yo sí siento algo. Me siento sola. Sin embargo no me gusta la soledad, así que supongo que por eso no quiero cantarle.

¿Por qué no hay nadie igual que yo? ¿Por qué no hay nadie más que sea un hermoso y violento corazón humano, recién arrancado, rojo, sangriento, aún palpitante? Todo el mundo es otras partes. He conocido muchos cerebros, muchos hígados, muchas bocas y muchos penes caminando por la vida (estos últimos son los peores, salgan corriendo), entre otras partes. Pero ningún corazón, abierto como el mío, ahí a simple vista. Si lo encuentro, tal vez, y sólo tal vez, si logramos contener nuestra mutua intensidad, si logramos encontrar un equilibrio para hacer otras cosas aparte de querernos como sólo los corazones sabemos, si logramos respirar, tal vez podamos palpitar al unísono, y con la música que se haga, cantaremos juntos.

jueves, 25 de febrero de 2010

Buena idea, mala idea



Buena idea: asistir a los paseos escolares.

Mala idea: acudir en un tour escolar al Servicio Médico Forense, ver (y lo que es peor, oler) cientos de muertos y presenciar un par de autopsias cuando vives, comes, te bañas y duermes sola... y además has tenido problemas para dormir las últimas semanas.

No sé en qué carajos estaba pensando.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Lunática

Dicen que las gitanas platican con la luna por las noches...

Luna: ¿Qué haces despierta a estas horas, niña?
Ella: No puedo dormir.
Luna: ¿Pensando en él?
Ella: Sí.
Luna: ¿Ahora de qué te acordaste?
Ella: De una noche... una de las pocas noches que dormimos juntos. Estaba tras de mí y me abrazaba. Yo apreté fuertemente sus brazos alrededor de mi cintura y le dije "Amor, no me sueltes". Él me dijo "No, no te soltaré nunca". Y así nos quedamos dormidos.
Luna: Qué lindo. Lo extrañas mucho...
Ella: Sí...
Luna: ¿Por qué no le hablas? ¿Por qué no lo buscas otra vez?
Ella: No puedo.
Luna: ¿Por qué?
Ella: Porque... porque ya no podemos estar juntos. Y... sobretodo, nunca lo voy a poder perdonar.
Luna: ¿¡Pero qué es eso que no puedes perdonarle a la persona que tanto quieres!? ¿Qué es lo que no le puedes perdonar, niña? ¿Que te haya engañado? ¿Que te haya mentido?
Ella: No, eso lo perdoné de corazón en su momento.
Luna: ¿Que siempre te hacía llorar?
Ella: No, no siempre me hacía llorar. Yo tenía mucho que ver también en mis llantos.
Luna: ¿Su falta de pasión? ¿Su falta de entrega?
Ella: No, me acostumbré a quererlo así.
Luna: ¿Que te haya dicho que ya se acostumbró a vivir sin tí?
Ella: No, eso podría perdonarlo.
Luna: ¿Su rechazo?
Ella: Eso es difícil... pero sé que podría llegar a perdonarlo también...
Luna: ¿Entonces? ¿Qué es más grave que todo eso?
Ella: Que me haya soltado.

martes, 24 de noviembre de 2009

Come on and kill me, baby

Es de noche. Hace frío. Estoy caliente. Estoy sola.
Muy mal.
Rockstar me dijo muchas cuando terminamos, pero la frase que se me quedó tatuada en la frente es: "No siempre las cosas van a ser como tú quieres".
Tiene razón. Lo malo es que no me había dado cuenta hasta que me lo dijo. Y me dolió escucharlo, porque es la pura verdad.
No siempre las cosas van a ser como yo quiero.
No siempre las decisiones que tome van a ser las correctas.
No siempre voy a tener con quién coger cuando estoy caliente.
No siempre voy a tener compañía cuando me sienta sola.
No siempre voy a tener con quien platicar o reírme si lo necesito.
No siempre las personas a quienes yo quiero me van a querer a mí.
No siempre las personas en que confío van a merecer mi confianza.
No siempre las personas que consideraba mis amigos lo serán realmente.
No siempre seré inmune, física y emocionalmente.
No siempre las cosas van a ser como yo quiero.
Punto.
El sábado fui a una fiesta. De fondo sonaba el aturdidor Rap/R&B/Hip-Hop que no he parado de escuchar desde que llegué a Chicago y que ya me tiene hasta la madre. Pero en mi cabeza sonaba esta canción:


Like a Friend, de Pulp

Don't bother saying you're sorry
Why don't you come in?
Smoke all my cigarettes, again
Every time I get no further
How long has it been?
Come on in now, wipe your feet on my dreams
You take up my time
Like some cheap magazine
When I could have been learning something
Oh well, you know what I mean
Oh I've done this before
And I will do it again
Come on and kill me, baby
While you smile like a friend
Oh and I'll come running
Just to do it again
You are the last drink I never should have drunk
You are the body hidden in the trunk
You are the habit I can't seem to kick
You are my secrets on the front page every week
You are the car I never should have bought
You are the dream I never should have caught
You are the cut that makes me hide my face
You are the party that makes me feel my age
Like a car crash I can see but I just can't avoid
Like a plane I've been told I never should board
Like a film that's so bad but I've got to stay till the end
Let me tell you now: it's lucky for you that we're friends





Y en la fiesta por poco le suelto esa línea en su cara: COME ON AND KILL ME, BABY, WHILE YOU SMILE LIKE A FRIEND. Like a friend... ¿Por qué pretender? ¿Por qué simular una amistad con alguien que realmente no te importa? ¿O será que esa era su intención inicial, pero simplemente las cosas cambiaron? Algo me queda claro: YOU ARE THE LAST DRINK I EVER SHOULD HAVE DRUNK.

Sí, la canción es buena. Pero para mi desgracia no es la primera vez que se la dedico a alguien de principio a fin, cada estrofa, cada letra. Catastrófico.

Me enerva y frustra de sobremanera.

Pero no siempre las cosas van a ser como yo quiero.



martes, 13 de octubre de 2009

All night long

La noche es cruel. No te deja en paz, no permite que tú te perdones ni que perdones nada, no . Es larga, interminable. No te deja sino pensar, una y otra vez, lo peor, todo lo que traes dentro. No sabe que hay otros momentos del día donde puedes funcionar mejor. No, todo tiene que ser ahora. El tormento debe ser nocturno, justo cuando debes descansar. La rabia, la preocupación, la ansiedad, la tristeza, son sentimientos de la noche, no tuyos. Ella los transmite con su oscuridad infranqueable, con su frío espeso los pone sobre tu cabeza hasta que te pesan tanto que no los puedes ignorar, hasta que abres los ojos y te quedas viendo al techo, culpable. Algo está mal, sientes, aunque no sea así. Algo no hice bien. Y ahora qué debo hacer.

Y así vas entrando en un laberinto, en un abismo cada vez más profundo, donde llega un momento en el que, por gracia, duermes.

Al despertar es de día, todos los demonios se fueron. Eres ligero. Los enojos, las tristezas, las angustias parecen nunca haber existido, y el sol ilumina a sabios, tontos, ricos, pobres, santos, malditos, felices y desahuciados por igual. Para todos es lo mismo, sin importar qué hayas hecho, sin importar de qué te haya acusado la inquisitoria noche. La mañana todo lo perdona.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Qué pez


Cuando era chiquita viví un par de años en Acapulco. Desde que me fui de ahí mantuve cierta añoranza por el mar, al cual admiro por sobre cualquier otro ente terrícola. Me acuerdo de su brisa, so olor, su sabor, todo. Me encanta el mar y todo lo relacionado con él, incluyendo a las criaturas que en él viven.

De pequeña creía en las sirenas. Ahora sólo creo en ellas como creo en los vampiros: con la esperanza de que en verdad existan, y si algún día las descubren, seré la persona más felíz del mundo. Solía sentarme a la orilla del mar a esperar que se asomara alguna sirena, pero sólo alcancé a ver peces y un par de veces, alguna ballena en el horizonte. Todos los animales marinos me fascinan.

Los peces, en particular, me relajan mucho. Me recuerdan la tranquilidad con la que pasaba horas sentada bajo el sol, sola o con mis dos amiguitos, buscando sirenas. Si quieren entretenerme o librarme de mi hiperactividad por un gran rato no tienen muchas opciones, pero colocarme frente a una pecera es una de ellas. Me gusta muchísimo ver peces, aunque me gustan más los caballitos de mar, pero pues eso sólo los puedo ver en los acuarios.

El caso es que cuando nos fuimos de Acapulco mi papá me compró una pecera enorme y la llenó de peces bonitos. Yo pasaba horas mirándolos autísticamente, y me gustaba tener muchos. Luego de varios años, los problemas familiares hicieron que descuidáramos la pecera a la que siempre le poníamos mucha atención. Los peces enfermaron y murieron... y yo me deprimí.

Pero problemas y más problemas me impidieron emprender el proyecto de una pecera nueva hasta el año 2001, en el que me compré una sádica pecerita para peces betta. No había espacio para más, porque vivía (y vivo) en un mini departamento que limita el espacio de mi habitación a un cuartito no más grande que el barril del Chavo del 8.

Me compré un lindo y sonso Goldfish al que le puse Clío. No pasaron más de tres meses hasta que lo encontré flotando panza arriba. Trauma. Hasta lloré.

El siguiente fin de semana me compré un un pez betta color azul brillante, hermoso, al que llamé Napoleón. Napo vivó un año, y murió en el 2003. Compré otro casi dos días después... no puedo vivir sin pez. Era azul también, bellísimo. Tenía un azul oscuro pero tornasol, cuyo contraste en claroscuros me recordaba a una pintura de Caravaggio. Y así se llamó el pobre, que vivió un par de meses nomás.

En julio de 2004 fui a una tienda de mascotas y vi a los peces betta. Me llamó la atención uno de color rojo oscuro. No era demasiado pretensioso con sus colores como lo eran el resto de los peces, al contrario, y por eso resaltaba. Pero ese día no tuve dinero para comprármelo. Regresé casi tres semanas después y milagrosamente lo encontré aún, lo reconocí enseguida. Ya era agosto, pero lo llamé Julio, ya que en julio lo encontré.

Es un pez muy chistoso. Me reconoce y me hace muchas fiestas cuando me ve exclusivamente a mí, lo cual es rarísimo en un pez. A veces meto pequeños muñecos de plástico en su pecera (una vez metí un Miguel Bosé de esos que daban con no se cuantas corcholatas de Coca Cola), y siempre los empuja con la nariz contra el vidrio de su pecera de manera furiosa, una y otra vez. Cuando le doy besos en la pecera, se coloca frente a mi boca, como correspondiéndome. Una vez saltó de su pecera (as seen in Amelié, performed by "Cachalot") intentando cometer suicidio. Pero de inmediato lo rescaté... y unos segundos después comenzó a temblar. Siempre que va a temblar enloquece.

Julio era rojo, pero a veces se podían ver tonalidades azules en su lomo. En ocasiones sólo está pardo, y hasta parece gris. Hace ya varios meses que no adopta colores bonitos, de hecho. No se por qué; tal vez porque ya está viejo. Exactamente en mayo vi que estaba de lado. No flotaba por encima del agua, por lo que deduje que no estaba muerto. Sin embargo me espanté muchísimo, y me entristecí pensando que tal vez pronto moriría. Sin embargo el tiempo pasa y Julio sigue vivo y descansando acostado de lado y a veces hasta boca arriba. En cuanto le doy un besito a su pecera se incorpora, nada como loco y corre a darme un beso. Quién sabe que diablos le pasa, tal vez encontró una especie de escape mental a su enloquecedor cautiverio encontrando nuevas y exóticas posiciones para nadar... pero en estos días se cumplirán tres años desde que lo compré y yo quiero harto a mi pez síquico/sicótico.



Dirty dreams!...

... Aaaaahhh!!!! díganle a mi rockstar que ya regrese!!! Cancelen el mentado concierto de Poison en Phoenix!!!!!!

sábado, 30 de junio de 2007

Ella

Llego una noche en que llovía. Ella sólo se presentó tocando a mi puerta. Esa misma noche se quedó en mi vida, y luego me percaté de que su nombre estaba escrito en el cielo.

No hablaba mucho, tan sólo me miraba como si me entendiera. Escuchaba, no oía. Sonreía, siempre estaba ahí.

Desde entonces, no conocí el hambre, el frío o el temor: ella los calmaba todos.

Su piel era blanca y tersa, como hecha de la más fina seda bordada en terciopelo. Su cabello parecía labrado en obsidiana suave, y su perfume era como un bosque florido en donde me gustaba descansar. Sus brazos eran largos, al igual que sus besos o sus pestañas. Su sonrisa era colores, hadas, risas infantiles. Su voz era como un canto de sirenas. Sus piernas eran infinitas, como su afán de darme todo lo que pudiera. Yo sólo la necesitaba a ella.

Tenía un par de ojos inmensos, eternos, y una boca que sólo podía decir verdades absolutas, como "está lloviendo", "te ves cansado" o "te amo".

Por eso mi alma es tan oscura desde que ella dijo "ya no te quiero". Y así, como una noche llegó, esa noche se fue.

Aaaaaaush!