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lunes, 21 de diciembre de 2009

Butterfly dalla lontana

Si ahorita me empezara a doler la espalda tantito, y luego más, y más, y entonces al rascarme me diera cuenta que me salieron un par de alas, hermosas, como de hada, correría a mi clóset para hacerle un hoyo en la espalda a algún abrigo y me lo pondría para salir a volar. Volaría por toda esta bonita ciudad, aunque esté durmiendo. Volaría hasta Nueva York, que nunca duerme. Me pararía en Times Square para que las luces me cobijaran un ratito. Volaría a México, iría a ver a mi familia con cuidado de no despertarlos. A mi perrita le diría que no ladre y que ya pronto estaré en casa, aunque sea un par de semanas. Iría a ver a mis amigos. A una amiga le jugaría alguna broma pesada para espantarla. Volaría cerca de la luna, iría a tocar las nubes, por encima de las puntas de las montañas. Buscaría una selva y un desierto para ver cómo se ven de noche. De regreso al Norte, iría a ver las cataratas del Niágara e intentaría mojarme la cara. Después volvería a casa. No sé, es una agenda tentativa, habrá seguramente tanto qué hacer. Lo único seguro es que no iría a verlo a él.

martes, 13 de octubre de 2009

All night long

La noche es cruel. No te deja en paz, no permite que tú te perdones ni que perdones nada, no . Es larga, interminable. No te deja sino pensar, una y otra vez, lo peor, todo lo que traes dentro. No sabe que hay otros momentos del día donde puedes funcionar mejor. No, todo tiene que ser ahora. El tormento debe ser nocturno, justo cuando debes descansar. La rabia, la preocupación, la ansiedad, la tristeza, son sentimientos de la noche, no tuyos. Ella los transmite con su oscuridad infranqueable, con su frío espeso los pone sobre tu cabeza hasta que te pesan tanto que no los puedes ignorar, hasta que abres los ojos y te quedas viendo al techo, culpable. Algo está mal, sientes, aunque no sea así. Algo no hice bien. Y ahora qué debo hacer.

Y así vas entrando en un laberinto, en un abismo cada vez más profundo, donde llega un momento en el que, por gracia, duermes.

Al despertar es de día, todos los demonios se fueron. Eres ligero. Los enojos, las tristezas, las angustias parecen nunca haber existido, y el sol ilumina a sabios, tontos, ricos, pobres, santos, malditos, felices y desahuciados por igual. Para todos es lo mismo, sin importar qué hayas hecho, sin importar de qué te haya acusado la inquisitoria noche. La mañana todo lo perdona.

lunes, 1 de junio de 2009

Anoche

Amanecí con un dolor impresionante en todos los músculos, me arden los ojos mal plan, me duele la cabeza, y con trabajos pude medio levantarme de la cama como una hora después de la que debía. Pero extrañamente estaba muy contenta. Aquí está mi conclusión:


Anoche no dormí, sino que cerré mi estado consciente y me llevé mi cuerpo, saltando entre las nubes, hacia un mundo extraño, pero al que de algún modo llevaba tiempo con muchas ganas de ir. Patiné usando las estrellas sobre las heladas nebulosas hasta llegar, siendo recibida por aves de plumas de colores brillantes, quienes me llevaron a recorrer su mundo. Yo, maravillada, tuve que concentrarme para no caer de sus lomos ante las miles de sorpresas que encontré: olores a vainilla y a frutas; sabores de miel y almendras; el tacto de millones de suaves plumas; la vista de enormes cascadas color lila, montañas inmensas vestidas de princesa, árboles cuya copas oscuras no eran visibles al ser cubiertas por las nubes, ríos de agua dulce y cristalina bajo los cuales se podían ver las casitas de piedra de los peces, un par de ojos verdes tupidos de pestañas.


Las aves me dejaron caer en un prado donde pude descansar sobre miles de flores, saboreando sus dulces aromas. Observé una parvada de conejos volando sobre mi cabeza. El sol brillaba en toda su extensión. Estaba tan a gusto, tan feliz, que no quería dormir… pero me quedé dormida hasta que fue la hora de regresar. Bueno, más bien una hora después de la hora en que debí regresar, por lo que corrí demasiado para poder llegar a tiempo.


Por eso me duelen todos los músculos. Los ojos me arden ya que estuve toda la noche mirando hacia el sol, descansando mi espalda en las flores. La cabeza me estalla ya que me doy cuenta que estuve a un par de horas de convertirme en ese ser etéreo que siempre he querido ser, de alcanzar la liviandad que todo mundo busca, de volverme un suspiro.


Lástima que no me acuerdo de nada.