Llego una noche en que llovía. Ella sólo se presentó tocando a mi puerta. Esa misma noche se quedó en mi vida, y luego me percaté de que su nombre estaba escrito en el cielo.
No hablaba mucho, tan sólo me miraba como si me entendiera. Escuchaba, no oía. Sonreía, siempre estaba ahí.
Desde entonces, no conocí el hambre, el frío o el temor: ella los calmaba todos.
Su piel era blanca y tersa, como hecha de la más fina seda bordada en terciopelo. Su cabello parecía labrado en obsidiana suave, y su perfume era como un bosque florido en donde me gustaba descansar. Sus brazos eran largos, al igual que sus besos o sus pestañas. Su sonrisa era colores, hadas, risas infantiles. Su voz era como un canto de sirenas. Sus piernas eran infinitas, como su afán de darme todo lo que pudiera. Yo sólo la necesitaba a ella.
Tenía un par de ojos inmensos, eternos, y una boca que sólo podía decir verdades absolutas, como "está lloviendo", "te ves cansado" o "te amo".
Por eso mi alma es tan oscura desde que ella dijo "ya no te quiero". Y así, como una noche llegó, esa noche se fue.
Aaaaaaush!


3 comentarios:
... :'(
Tú escribiste eso bonita?
Yeip
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