Cuando era chiquita viví un par de años en Acapulco. Desde que me fui de ahí mantuve cierta añoranza por el mar, al cual admiro por sobre cualquier otro ente terrícola. Me acuerdo de su brisa, so olor, su sabor, todo. Me encanta el mar y todo lo relacionado con él, incluyendo a las criaturas que en él viven.
De pequeña creía en las sirenas. Ahora sólo creo en ellas como creo en los vampiros: con la esperanza de que en verdad existan, y si algún día las descubren, seré la persona más felíz del mundo. Solía sentarme a la orilla del mar a esperar que se asomara alguna sirena, pero sólo alcancé a ver peces y un par de veces, alguna ballena en el horizonte. Todos los animales marinos me fascinan.
Los peces, en particular, me relajan mucho. Me recuerdan la tranquilidad con la que pasaba horas sentada bajo el sol, sola o con mis dos amiguitos, buscando sirenas. Si quieren entretenerme o librarme de mi hiperactividad por un gran rato no tienen muchas opciones, pero colocarme frente a una pecera es una de ellas. Me gusta muchísimo ver peces, aunque me gustan más los caballitos de mar, pero pues eso sólo los puedo ver en los acuarios.
El caso es que cuando nos fuimos de Acapulco mi papá me compró una pecera enorme y la llenó de peces bonitos. Yo pasaba horas mirándolos autísticamente, y me gustaba tener muchos. Luego de varios años, los problemas familiares hicieron que descuidáramos la pecera a la que siempre le poníamos mucha atención. Los peces enfermaron y murieron... y yo me deprimí.
Pero problemas y más problemas me impidieron emprender el proyecto de una pecera nueva hasta el año 2001, en el que me compré una sádica pecerita para peces betta. No había espacio para más, porque vivía (y vivo) en un mini departamento que limita el espacio de mi habitación a un cuartito no más grande que el barril del Chavo del 8.
Me compré un lindo y sonso Goldfish al que le puse Clío. No pasaron más de tres meses hasta que lo encontré flotando panza arriba. Trauma. Hasta lloré.
El siguiente fin de semana me compré un un pez betta color azul brillante, hermoso, al que llamé Napoleón. Napo vivó un año, y murió en el 2003. Compré otro casi dos días después... no puedo vivir sin pez. Era azul también, bellísimo. Tenía un azul oscuro pero tornasol, cuyo contraste en claroscuros me recordaba a una pintura de Caravaggio. Y así se llamó el pobre, que vivió un par de meses nomás.
En julio de 2004 fui a una tienda de mascotas y vi a los peces betta. Me llamó la atención uno de color rojo oscuro. No era demasiado pretensioso con sus colores como lo eran el resto de los peces, al contrario, y por eso resaltaba. Pero ese día no tuve dinero para comprármelo. Regresé casi tres semanas después y milagrosamente lo encontré aún, lo reconocí enseguida. Ya era agosto, pero lo llamé Julio, ya que en julio lo encontré.
Es un pez muy chistoso. Me reconoce y me hace muchas fiestas cuando me ve exclusivamente a mí, lo cual es rarísimo en un pez. A veces meto pequeños muñecos de plástico en su pecera (una vez metí un Miguel Bosé de esos que daban con no se cuantas corcholatas de Coca Cola), y siempre los empuja con la nariz contra el vidrio de su pecera de manera furiosa, una y otra vez. Cuando le doy besos en la pecera, se coloca frente a mi boca, como correspondiéndome. Una vez saltó de su pecera (as seen in Amelié, performed by "Cachalot") intentando cometer suicidio. Pero de inmediato lo rescaté... y unos segundos después comenzó a temblar. Siempre que va a temblar enloquece.
Julio era rojo, pero a veces se podían ver tonalidades azules en su lomo. En ocasiones sólo está pardo, y hasta parece gris. Hace ya varios meses que no adopta colores bonitos, de hecho. No se por qué; tal vez porque ya está viejo. Exactamente en mayo vi que estaba de lado. No flotaba por encima del agua, por lo que deduje que no estaba muerto. Sin embargo me espanté muchísimo, y me entristecí pensando que tal vez pronto moriría. Sin embargo el tiempo pasa y Julio sigue vivo y descansando acostado de lado y a veces hasta boca arriba. En cuanto le doy un besito a su pecera se incorpora, nada como loco y corre a darme un beso. Quién sabe que diablos le pasa, tal vez encontró una especie de escape mental a su enloquecedor cautiverio encontrando nuevas y exóticas posiciones para nadar... pero en estos días se cumplirán tres años desde que lo compré y yo quiero harto a mi pez síquico/sicótico.

Dirty dreams!...
... Aaaaahhh!!!! díganle a mi rockstar que ya regrese!!! Cancelen el mentado concierto de Poison en Phoenix!!!!!!


8 comentarios:
Una vez a mi mamá se le fue el pez betta por el caño
un día a mis hermanos y a mí nos compraron pescaditos y yo escogí un pez beta y mi hermano otro pez beta y mi hermana algun pez bien maricón y resultó que la gente normal sabía que no había que juntar peces beta con más peces beta ni con algún otro pez que pudiera ser comido por un pez beta y como nosotros no eramos gente normal los juntamos todos y como a los 3 días al de mi hermana ya le faltaban cachos y estaba muerto y luego los otros dos se pelearon y se comieron algunas partes respectivamente y entonces me dejaron de gustar los peces beta
a si, y todos se murieron
Jajajajajajajajajajajajajajajaja, que sonso chilango, jajajajaja.
Y estaba vivo, epi????
Claro que estaba vivo, mi mamá le estaba lavando la pecera
Yo una vez saque a pasear a los peces de mi hermano...
Hola... Ya firme un post que tienes arriba. pero aqui firmo de nuevo jojojo. Yo soy de Acapulco y si, cada mañana que voy a la escuela es muy relajante ver el mar mientras amanece y yo con mi cara de sueño por no haber dormido de nuevo por andar viendo blogs y mas rarezas en internet. Pero finalmente vale la pena! un saludo y hasta pronto. atte.
Dave
Epi: Pobre pez!
Junky: Mean junky...
Mediblasto: Claro, Acapulco rockea. Que gusto que firmes otro, el primer lector que llegue a 100 comentarios se llevará un premio... bueno, no se, pero al menos aquí firmaste con "hasta pronto" y eso es un avance muy importante...
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