domingo, 19 de octubre de 2008

Mi canción desesperada

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: Armando, mi primo hermano, de recién cumplidos 24 años de edad, falleció el viernes 17 de octubre. Su avioneta se estrelló en Monterrey a las 12 del día, cuando viajaba con destino a su tierra, Baja California Sur. Encontraron sus restos el sábado 18, casi a las 7 de la noche, horas después de haber encontrado los restos de las otras dos víctimas de ese accidente.


Mi mamá, mi hermana y yo lloramos casi toda la noche del viernes, aguardando, esperando noticias, rezando por un milagro: por favor, Dios mío, que esté vivo; que no pase frío; que no tenga miedo; que no esté herido. Que esté vivo, que lo encuentren, que regrese a casa, con su mamá. Mi pobre tía no va a aguantar. El teléfono no sonaba. Primo, Armandito, si esta estás viendo la misma luna que yo esta noche, resiste, por favor. Aguanta, que tu papá te está buscando desesperadamente, y nosotros dejaremos de rezar hasta que estés a salvo.

Amaneció y entonces me dormí.

El sábado me desperté sin ganas, después de haber dormido tres horas, con los ojos hinchados y la cabeza a punto de estallar. La noticia del milagro no llegaba, pero la noticia definitiva de su muerte llegó con la llamada telefónica de mi tía. Mi pobre tía. Esa menuda y frágil mujer, a quien estaba segura que la noticia mataría, sacó una gran fortaleza desde algún lugar en lo más profundo de su ser, y entre amargos sollozos dijo a mi mamá: “Ya estoy en Monterrey. Vengo a recoger los restos de mi hijo”. El sensible llanto de mi tía fue sólo superado por los desgarradores gritos de mi tío. No me puedo imaginar su dolor. Mi pobrecita tía; una mujer tan buena y tan frágil, que en su vida ha hecho daño a nadie; nadie merece sentir este dolor, el peor dolor del mundo, y mucho menos ella. Sólo quería estar con ellos dos y abrazarlos. Sólo quería llorarle una y otra vez, no era necesario respirar. Sólo cabía en el espacio nuestro llanto, nuestros gritos. Sólo quería que Armando estuviera vivo.


Me bañé con pesadez por gran rato, sintiendo cada gota de agua cayendo sobre mi piel. Cambiaba de fría a caliente una y otra vez. Sentir. Armando ya no puede sentir. Armando no respira. Mi primo, mi primo hermano, esa carne y sangre que son casi las mías, pasó la noche muerto bajo el cielo estrellado de un cerro. Ya no sentía frío, ni hambre, ni dolor, ni miedo, ese miedo que seguramente fue lo último que sintió.


Mi primo, ese niño a quien tantas veces tomé de la mano, abracé y toqué, esta noche que escribo ya no tiene cuerpo, ya no existe. Su cuerpo son cenizas dentro de una cajita. Ya no tiene manos, como las mías que muevo a mi antojo. Ya no tiene boca, como ésta que gime su pérdida y sobre la cual han caído tantas lágrimas desde que lo supe. Ya no tiene ojos: sus ojitos azules están dentro de esa cajita, junto con su cabello tan negro y su piel tan blanca. Todos sus uno ochenta y tantos metros, dentro de una cajita.


Mi primo, ese guapo joven de acento norteño con quien tantas y tantas veces platiqué, que nos dijimos tantas cosas, salimos, nos divertimos, nos peleamos, que me hizo reír y hasta llorar con sus palabras cuando jugábamos de niños, ya no volverá a hablar. Ya no voy a volver a oír su voz; no volveremos nunca a tomarnos una Pacífico ni volveré a bailar con él canciones de banda.

La noche está nublada y él ya no respira. Eso es todo. A lo lejos, alguien canta, a lo lejos… pero no me importa. Me da enteramente igual si Scott o Trent están cantando, me da lo mismo escuchar las canciones que han sido mis himnos por tantos años. Armando está muerto, y yo no quería ver o escuchar a alguien que no fuera él.


No quiero hacer nada. No tengo ganas de comer, dormir o de arreglarme. No quiero ir a trabajar. No quiero hacer nada más que llorarle en el más profundo rincón, y grita mi corazón desde mi más oscuro sentimiento, de la única forma en que se hacerlo bien: escribiendo. El amargo luto que me cubrió cuerpo y me rompe el alma no me deja sentir otra cosa que no sea pena y dolor.

Armando se fue y no va a regresar.

Descansa en paz, Armandito, querido hermano mío.


No he de verte vivo más
¿Y quién revivirte puede?
Ni el agua se vuelve atrás
Ni la vida retrocede.
[...]
Me acomete una desgana mortal, amor
Porque se que te buscaré mañana
Y ya no te encontraré.


lunes, 13 de octubre de 2008

A que no se lo imaginaban...

¿Saben cuál es una de mis canciones más favoritísimas de la historia del planeta?

Ah pues es esta mera:



¿O no es hiperrockeante?


domingo, 12 de octubre de 2008

Loz hamigoz de Helbiz

Elvis Jesús es un cabrón de catorce años que asaltó a mano armada a una señora para robarle su coche, y la hirió. El niñito le pidió a sus amigos que escribieran cartas de recomendación diciendo que era un buen niño. He aquí el resultado:


La precente


Hamigo - exelente persona



Jesus - e visto creser



Ramirez - solo - conosco - meterce con nadien - agradesco



nungun - hordenes - conbenga


Pero que sigan haciendo huelgas los maestros, pues.





sábado, 11 de octubre de 2008

¿Qué pasa cuando Confucio se equivoca?

Pues causa una divina Confución:




Cortesía de Cinemex Cuicuilco

jueves, 9 de octubre de 2008

Los genios no deben morir

Hoy John Lennon cumpliría 68 años de vida (thanks, fuckin' Chapman)... damn, admiro mucho a ese wey... neta creo que cambió al mundo.

Este videíto es de una de mis canciones favoritas de los Beatles. Es sencilla y felíz, siempre me pone muy de buenas. Y Lennon sale chavitito y todo ñoño. Ni él se imaginaba en lo que se convertiría.

Please Mr. Postman de The Beatles



miércoles, 8 de octubre de 2008

Como una mariposa

En Chilangolandia todo el año llueve; sin embargo, y aún con esta característica, hay una denominada 'época de lluvias' que yo únicamente distingo por la aparición de estos animalejos roñosos y torpes.

[Imaginen aquí al imagen de una mariposa negra/black moth]

En mi humilde rancho les llamamos 'mariposas negras'. Siempre me han dado un buen de miedo, no se por qué, son cosa del diablo.


Cuenta la leyenda familiar, que allá por el año de 1988 mi mamá tenía una amiga española. Dicha mujer se reunió con mi familia para celebrar mi cumpleaños número dos (el 9 de noviembre), y de pronto, una mariposa negra entró para unirse a senda celebración. La española entró en pánico, se alocó horrible, empezó a pedirles a todos que la corrieran pero la mariposa no hacía caso, y por el contrario, se adentraba más en el lugar. Fue hasta el día siguiente cuando lograron correr a la persistente bestia, y debido a esto la española sentenció: 'esos animales anuncian la muerte; veréis como en poco tiempo morirá algún ser querido vuestro'. Y mocos, que se muere ella a mediados de diciembre.

Supongo que mi mamá se traumó con eso y me pasó sus traumas a mí, que si bien no creo que alguien se vaya a morir nomás porque me encuentro con una mariposa negra y no la expulso inmediatamente, si me parecen animales horribles, inquietantes y de mala caña.

Tal vez fue sólo coincidencia la muerte de la española supersticiosa... Hace diez años, durante la madrugada del 6 de octubre de 1998, soñé que se me caía un diente. Ese día mi abuelo se murió. Tal vez el hecho de que, para los indígenas, soñar que se te cae un diente significa la próxima muerte de un ser querido sea también coincidencia... o_O

Así que ya saben, si se encuentran a una de éstas por ahí, córranlas, grítenles y si pueden hasta miéntenles la madre... por precaución :D