miércoles, 17 de marzo de 2010

Franz

Tiene un par de meses que acabé de leer "Los Amorosos: Cartas a Chepita", un compendio de las cartas que mi poeta favorito, ese hermoso hombre que me mantendrá eternamente suspirando, Jaime Sabines, escribía para Chepita, su entonces novia y luego esposa, durante diversas separaciones que tuvieron durante su noviazgo. Leyendo el libro y conociendo de principio a fin la obra de Jaime Sabines, se vuelve muy difícil no envidiar (envidia de la mala, claro) a Chepita. A todas las Chepitas del mundo que han tenido la suerte de ser amadas así, de escuchar esas cosas, de ser elevadas a rango de Diosas y luego desterradas entre directas y albures a los terrenos mortales, una y otra vez. Qué dicha. ¿Qué tiene una que hacer para lograrlo, qué hacen las Chepitas para que un poeta de ese tamaño las ame con esa inmensidad?

Bueno, pues les contaré que hace exactamente un año (sí, 17 de marzo de 2009, lo recuerdo perfecto) tuve un sueño. De esos sueños vívidos que hacía mucho no me pasaban.

En dicho sueño, despertaba yo acostada en una cama con un ligero frío en el ambiente, arropada en cobijas de lana. A mi lado derecho, un ventanal cubierto pobremente con una cortina dejaba entrar los rayos de luz. Uno de esos rayos iluminaba la cara de él. Es de esos sueños donde ya sabes todo, donde tienes la consciencia de qué está pasando. Yo era yo, en esta época pues. No una vida pasada, no otra persona, sino que yo era Karla, yo misma. Mis manos morenas acariciaban su blanca piel con dolor. El dolor de la despedida, de que nunca lo volvería a ver. Él era checo, estábamos en Praga y era mi última mañana ahí, el día de regresar a México, el día del adiós.

Rubio, eslavo, delgado... no, no era mi tipo. Pero era un poeta, y era mi amante. Me amaba, me escribía, me cantaba, acariciaba mi piel con los pétalos de sus palabras, arrancaba las espinas de sus expresiones antes de dármelas, siempre con cuidado de no lastimarme... me cuidaba, me adoraba... comparaba mi cabello con la seda y con lo oscuro del océano en la noche, mi piel con el color de la tierra, mis ojos con las estrellas... amor de poeta. Él era también un corazón. Y tenía un corazón como el mío.

Él despertaba... y apenas alcancé a ver un par de lágrimas rodar de sus ojos azules, cuando desperté yo en serio, con un profundo pesar, tristísima, llorando. Busqué en mi cama y estaba sola. No existía tal mundo onírico, no estaba en Praga, y mi amante, mi poeta, mi corazón se había desvanecido entre mis sábanas. La separación ocurrió más rápido de lo que en el sueño creí que lo haría. Se fue. O me fui yo. No sé.

Lo bauticé como Franz. ¿Por qué? Porque uno de mis libros favoritos, La insoportable levedad del ser, que ocurre en la entonces Checoslovaquia, en la región de Bohemia, tiene a dos personajes masculinos: Tomasz y Franz. ¿Por qué escogí a Franz en vez de a Tomasz? Porque Tomasz era infiel y Franz era devoto. Así de simple.

Mi sueño me recordó que en la prepa busqué irme de intercambio a la República Checa. No lo logré, pero decidí volver a intentarlo, y esa búsqueda fue más o menos fue el primer paso que me llevó hasta Chicago

No volví a soñar con él. Francamente no sé si exista o si mi cabeza lo inventó para ayudarme a pasar por ratos emocionalmente difíciles. Ni lo busqué ni lo encontré en Chicago; no logré que la París de Estados Unidos se convirtiera en la París de Europa del Este. Pero estoy tranquila, y vivo con la felicidad y convicción de que en algún universo o dimensión paralela fui una Chepita, fui amada por un poeta.

También me gusta pensar que la mañana de hace un año, un joven checo despertó buscando desesperadamente entre sus brazos a aquella obscura musa de la que nunca volvió a saber.


martes, 16 de marzo de 2010

Sin título 1

"If I can't fly, at least let me sing" es, digamos, una de mis pocas filosofías de vida. Pero hoy no puedo cantar porque no hay canción alguna. Está vacío, profundo. Puedo saltar a ese vació en mi interior y caeré, porque no puedo volar, porque no puedo cantar.

¿Qué es el sonido de mi voz en el vacío sin nadie que lo escuche? ¿Qué es ese vacío? ¿Qué me está pasando? ¿Por qué no estoy cantando?

"No hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada", es cierto. Si no sientes nada, pues hay vacío, y si está vació pues no hay canciones. Pero yo sí siento algo. Me siento sola. Sin embargo no me gusta la soledad, así que supongo que por eso no quiero cantarle.

¿Por qué no hay nadie igual que yo? ¿Por qué no hay nadie más que sea un hermoso y violento corazón humano, recién arrancado, rojo, sangriento, aún palpitante? Todo el mundo es otras partes. He conocido muchos cerebros, muchos hígados, muchas bocas y muchos penes caminando por la vida (estos últimos son los peores, salgan corriendo), entre otras partes. Pero ningún corazón, abierto como el mío, ahí a simple vista. Si lo encuentro, tal vez, y sólo tal vez, si logramos contener nuestra mutua intensidad, si logramos encontrar un equilibrio para hacer otras cosas aparte de querernos como sólo los corazones sabemos, si logramos respirar, tal vez podamos palpitar al unísono, y con la música que se haga, cantaremos juntos.

domingo, 28 de febrero de 2010

Baby, where I come from

Vaya a donde vaya sólo compruebo que la mía es la ciudad más bonita del mundo.





Te amo, México!

jueves, 25 de febrero de 2010

Buena idea, mala idea



Buena idea: asistir a los paseos escolares.

Mala idea: acudir en un tour escolar al Servicio Médico Forense, ver (y lo que es peor, oler) cientos de muertos y presenciar un par de autopsias cuando vives, comes, te bañas y duermes sola... y además has tenido problemas para dormir las últimas semanas.

No sé en qué carajos estaba pensando.

viernes, 19 de febrero de 2010

Nothing compares to...

Cuando tenía nueve años, me enamoré del Power Ranger verde, jajaja, sí, el que después se volvió blanco. A partir de entonces mi vida puede contarse en crushes, uno tras otro... Enrique Iglesias (aah tenía 10 años, no me molesten), Brandon de Beverly Hills 90210, Rodrigo Marquina en sexto de primaria (que luego de muchos años lo reencontré y dije NOOOOOOOT... y salí con un amigo suyo que ni al caso), Rafael Sánchez en la secundaria (sí toda... y el maldito me huía... jajajaja por cierto, luego salí con su hermano, cómo es la vida; no lo he reencontrado pero gustaría mucho ver cómo es ahora, tenía una cara tan bonita... bueno, por lo menos desde mi puberta perspectiva), luego Arturo Navarro (misma historia que Rodrigo pero no salí con ningún amigo suyo), Ricardo Aguilar, Alejandro "N", Luis "N" (jaja no me acuerdo de sus apellidos... Flores?), Daniel Pintado (uy, hot confession... sí, éramos amigos y yo estaba enamoradísima de él... la escena donde me presentó a su novia la recuerdo tan bien, fue como la escena de los Simpsons donde pueden ver cuadro a cuadro cómo Lisa le rompe el corazón a Rafa... me hizo cachitititos), Pablo Durán y mi maestro de teatro (del que luego me enteré que se andaba cogiendo a "mi mejor amiga" de entonces... that bitch)... y todos amores platónicos. Mega loser. La verdad es que yo era medio feílla y cachetona, no los culpo. También era muy insegura en cuanto a mi físico.


El siguiente en la lista fue el Rockstar. Desde entonces, no ha habido otro crush en mi vida. Me gustaría ver cómo reacciono ahora ante un crush y siento que me hace falta... ya era como un estado natural, jaja. Me gustaba, les escribía cosas que nunca nadie vio, me pasaba bastante tiempo pensando en qué decirles, la descarga de endorfinas cada vez que se daba algún tipo de interacción era brutal, y las canciones... bueno, mi vida era un musical. Si de por sí lo es, pero con un crush, sentía que podía levantarme en las mañanas cantando y no parar hasta la noche. Cantar para mí es una forma de demostrar mi estado de ánimo, sobretodo que estoy contenta. Estar enamorada, aunque fuera algo no correspondido, le ponía un tema en específico al extenso musical que se desarrolla a diario, y todo giraba alrededor de esta persona. Casi siempre había una canción en especial que asociaba con el crush en cuestión, y era como si esa canción se metiera en mi corazón y le diera cuerda.


Cuando bailaba flamenco, muy al principio, estaba enamorada de Pablo, un chico que bailaba conmigo. Babeaba. No era crush, lo que le sigue. Ensayábamos por la mañana, a las 7, y él siempre llegaba tarde, cuando el sol ya iba saliendo y nosotros ya estábamos en calentamiento... con la música de fondo, yo cantaba para mí esta bulería, inventada por mí, claro:


Sol... sol de la mañana que sale cuando tú llegas, llegas a alegrar mi vida y a borrar todas mis penas, sol, sol de la mañana que sale cuando tú llegas y se pone si te vas, eres tú la luz de mi día y es de noche si no estás...

Ojalá le encuentren sentido, porque no se oye muy bien si no le saben a las bulerías. Obvio no es una pinche sinfonía en do menor, pero así de sencillas son las canciones flamencas y mi alegría era así, sencilla. Alrededor de Pablo tenía yo todo un soundtrack de canciones flamencas y no, de mi autoría y ya existentes, pero esta era la principal. Luego comenzó a andar con otra niña del grupo y yo lloré mucho. Ahora somos buenos amigos.


Cuando Rockstar me correspondió estallé en canciones. Sólo sabía cantar para él. Lo abracé con mis canciones, era mi manera de agradecerle que me quisiera. Pero siento que nunca las escuchó, no le gustaban supongo. Sólo una, que se volvió "nuestra canción"... esa canción sigue y seguirá siendo la historia de los dos cada vez que la escuche.


Ando en busca de un crush. Lo intenté con un chico de mi escuela que no conocía pero que comenzó a saludarme... luego me enteré que tenía novia y como que de repente me dejó de hablar. Mal candidato. Cantaré hasta que encuentre una canción, nueva o conocida, que pueda llenar ese espacio vacante.

viernes, 22 de enero de 2010

Cantar es derramarse en gotas de aire

¿Qué es el canto de los pájaros, Adán?

Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse en gotas de aire, en hilos de aire temblar.

Entonces los pájaros están maduros y se les cae la garganta en hojas, y sus hojas son suaves, penetrantes, a veces rápidas... ¿Por qué? ¿Por qué no estoy madura yo?

Cuando estés madura te vas a desprender de tí misma, y lo que seas de fruta se alegrará, y lo que seas de rama quedará temblando. Entonces lo sabrás. El sol no te ha penetrado como al día. Estás amaneciendo.

¡Yo quiero cantar! Tengo un aire apretado, un aire de pájaro y de mí... ¡Yo voy a cantar!

Tú estás cantando siempre, sin darte cuenta. Eres igual que el agua. Tampoco las piedras se dan cuenta, y su cal silenciosa se reúne y canta silenciosamente.

Jaime Sabines

domingo, 17 de enero de 2010

Así ya no lo andan rompiendo


Continuando con lo que me encontré entre mis curiosidades ancestrales, esto es de cuando tenía dieciséis años. Mi primer "novio" (que fue más bien un baboso con el que salí como un mes y al que vi a lo mucho 4 veces; fue una relación por teléfono, aunque vivíamos a 15 minutos de distancia ***whattafreak***) me había ilusionado bastante, pero le agradezco que me haya presentado la realidad del asco que son las relaciones humanas y que me haya hecho ver a tiempo el tipo de hombres del que debo huir sin excusa alguna. Pero lo cierto es que me rompió el corazón mal plan... lo siguiente lo escribí una o dos noches después de que terminamos, y solía repetirlo para mí misma una y otra vez, como si fuera una oración... al parecer ni hice caso ni las cosas han cambiado. Sin embargo creo que lo encontré por algo y repetiré el método; ojalá ahora sí funcione:


Vuélvete de piedra. Por más que intenten lastimarte, permanecerás intacto.

Vuélvete de mármol. Duro, estoico, imposible.

Cúbrete con hielo. Frío y a la vez hiriente, pero capaz de derretirse al calor adecuado.

Vuélvete un diamante. Así, sólo alguien igual a tí podrá hacerte volver a sentir,

Corazón.


Por lo menos se vería re chulo... y podría ser mi mejor amigo :)


jueves, 14 de enero de 2010

Not that into you

Curioseando entre mis curiosidades, encontré una hoja arrugada con una escena de teatro que me causó muchas cosas cuando la hice. Fue cuando estudiaba teatro, estaba yo bien chavita... pero me acuerdo... me acuerdo... qué trabajo me costaba la maldita, en todos sentidos.

Era así, sin más:


En una cama.


Las cosas no están funciondo.


No... creo que no.


¿Entonces?


Qué.


Pregunto.


No lo sé. Yo desde hace tiempo te noto... ¿te puedo hablar con la verdad?


Claro.


Pues creo que te estás empeñando en hacer exactamente lo que yo no deseo. No deseo un hombre así, a un hombre que me da esa incertidumbre. Ya no quiero esperar las llamadas que prometes y no llegan, ni las citas en las que nunca estarás. Aún no he terminado del todo con la separación anterior y ya me estoy preocupando por estas cosas. No, no quiero. Ya lo sufrí, y ya no estoy dispuesta a volver a ese hoyo. Y no me veas así ni te quedes callado, que ya sé que lo haces para que yo hable y hable y... Mira, estoy experimentando algo de libertad que me gusta mucho. Me estoy recuperando de muchas cosas. Sé que puede sonar egoísta... pero tengo que pensar en mí... hace mucho tiempo que no lo hago. Además yo... pienso que... ah, no sé... que no eres el hombre que necesito.

Ajá.


Y tú, qué piensas.


Creo que tienes toda la razón.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Butterfly dalla lontana

Si ahorita me empezara a doler la espalda tantito, y luego más, y más, y entonces al rascarme me diera cuenta que me salieron un par de alas, hermosas, como de hada, correría a mi clóset para hacerle un hoyo en la espalda a algún abrigo y me lo pondría para salir a volar. Volaría por toda esta bonita ciudad, aunque esté durmiendo. Volaría hasta Nueva York, que nunca duerme. Me pararía en Times Square para que las luces me cobijaran un ratito. Volaría a México, iría a ver a mi familia con cuidado de no despertarlos. A mi perrita le diría que no ladre y que ya pronto estaré en casa, aunque sea un par de semanas. Iría a ver a mis amigos. A una amiga le jugaría alguna broma pesada para espantarla. Volaría cerca de la luna, iría a tocar las nubes, por encima de las puntas de las montañas. Buscaría una selva y un desierto para ver cómo se ven de noche. De regreso al Norte, iría a ver las cataratas del Niágara e intentaría mojarme la cara. Después volvería a casa. No sé, es una agenda tentativa, habrá seguramente tanto qué hacer. Lo único seguro es que no iría a verlo a él.

sábado, 12 de diciembre de 2009

I love you, Miss Hannigan

Siempre me han encantado los musicales, y Annie (sí, Anita la Huerfanita) siempre va a tener un lugar especial en mi corazón. ¿Por qué? Porque simplemente fue el primero que vi en escena y en película.


La película era de esas que podía ver doscientas veces. Me encantaba. Me ponía de buenas, me ponía a cantar... dios, era yo una pulga de 4 ó 5 años creo. Esta escena en especial me impresionaba bastante. Odiaba a esa Miss Hannigan. Ahora simplemente creo que Carol Burnett es una actrizaza, que de lo que se queja Miss Hanigan tiene sentido, y que la escena es buenísima, la disfruto mucho. Es un papel que me fasciaría interpretar, aunque la traducción al español no me gusta, porque reemplaza "little girls" por "huérfanas"... es una palabra bien gacha, nada que ver con el contexto de "little girls" y hace ver a Miss Hannigan más monstruosa y despectiva. Por eso siempre la vi en inglés.




Jajaja, es genial! Lo mejor es cuando dice "lucky me! lucky me! look what I am dripping with... Little Girls!!!". Neta, de veras crees que la pobre y alcoholizada mujer es completamente miserable. "I'd have craked years ago if it weren' for my sense of humor".