Vaya a donde vaya sólo compruebo que la mía es la ciudad más bonita del mundo.
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domingo, 28 de febrero de 2010
miércoles, 18 de julio de 2007
Ella es Griet
Mi materia favorita de toooda la prepa fue Historia del Arte. Sentía que era fan de todas las corrientes artísticas, sobretodo en la pintura. Sin embargo, sólo vi a un pintor representante de la Pintura Flamenca -Jan Van Eyck- y para mí fue suficiente para volverme fan suprema.
Investigué más por mi cuenta sobre pintores flamencos, hasta que llegué a Jan Vermeer y, junto con Van Eyck, se volvieron mis pintores favoritos de todos los tiempos (no se por qué Rembrandt no me gusta tantísimo... bueno, sí se por qué, pero eso no es el punto de hoy).
Pasó la vida... y vi que un día se estrenó una película llamada "Girl with a pearl earring", justo como la pintura de Vermeer. Y estaba basada en la novela que contaba los pormenores de la vida del pintor en torno a dicha pintura.
Con todo y que me emocioné un chango no fui a verla, no me acuerdo por qué. De esas veces que vas posponiendo la ida al cine hasta que la película se salen de cartelera, y bye. Así que me compré el libro "La Joven de la Perla" de Tracy Chevalier, y me enamoré.
La forma en que esta mujer narra las cosas es fascinante. Describe los colores y las sensaciones de manera que juras que los estás viendo. Tiempo después logré ver la película y me decepcionó. No logra transmitir la magia del libro en lo más mínimo, y Griet parece retrasada mental (... una riquísima retrasada mental). No es mala, al contrario, pero no logra hacerle justicia a una historia tan buena.
Léanlo, por lo que más quieran.
La historia es esta: Griet (pronúnciese Gríit) es una chica cuya familia atraviesa una crisis existencial y económica, y tiene que entrar a trabajar de chacha a la casa de una familia acomodada, en donde luego luego se encuentro con la apabullante testosterona de su patrón, los celos de su patrona y la mala leche de una de las miles de hijas que el matrimonio tenía. Deseaba a su patrón con locura, pero aunque nunca perdió de vista cuál era su lugar, hizo todo lo que él le pedía; trabajo extra, cansancio extremo, mínimas horas de sueño, regaños de su patrona, perforaciones en las orejas que le causaron infección; nada importaba con tal de complacerlo. Él, obviamente, dominaba que traía a la niña encharcando el piso cada vez que aparecía y aprovechó para usarla de su "ayudante", tomando ventaja de que la niña poseía un sentido de la estética poco común en gente ordinaria.
La pintó por encargo de su mecenas, quien también le traía ganas a Griet, y los momentos en que describe el tiempo que pasó posando para él son eróticos a madres, con todo y que la distancia nunca dismunuyó de un metro entre los dos y ambos estaban vestidos.
El mejor momento es cuando, por "accidente", Vermeer logra ver el cabello de Griet por unos segundos. Griet había logrado con su narración una atmósfera tan íntima que logras sentir la gran excitación de la muchacha, las ganas de aventársele al pintor encima y arrancarle la camisa. Y ella no la puede contener, al grado que corre a cogerse a su noviecito de dos pesos.
Vermeer y Griet tuvieron una aventura, aunque jamás se hayan besado, aunque no se hayan tocado siquiera más allá de roces accidentales. No queda duda después de conocer su historia. No queda duda después de darte cuenta de lo que realmente está viendo la niña con esos ojos, con esa mirada que sólo Vermeer pudo retratar: no está viendo a un señor, ni a su patrón, ni a un artista. Está viendo a un hombre, al objeto de su deseo, al ente feromónico que la derrite con su aliento, que despierta esas raras pasiones hormonales religiosamente prohibidas en sociedad, a ese ser que anhela con cada poro de su piel pero que sabe que jamás podrá tener. Si no me creen, mírenla.
Ella es Griet:

P.S. ... Sabía que me iba a extrañar ;)
lunes, 2 de julio de 2007
Latin Heartbreak Hotel
Entre los cuetes (refiriéndome a fuegos artificiales) del barrio vecino y los estruendosos rayos de la tormenta que está comenzando, apenas puedo pensar. Ahora no se que pienso, pero debo de buscar pensar en algo antes de que se vaya la luz.
Creo que ya me había tardado mucho en reseñar un libro. Me gusta leer, puedo presumir de eso, y de tener una opinión de muchos muchos autores. Puedo decir con certeza, por ejemplo, que NO ME GUSTA García Márquez, o que Carlos Fuentes era chido pero que su cordura salió volando por la ventana en los últimos libros.
No me gusta leer los libros que están de moda; jamás he leído El Código Da Vinci ni nada así, pero como buena chica que siempre cita a sus amigas en las revistas de Sanborn's, encuentro libros bastante interesantes en lo que las espero. La última compra que hice así fue "El albergue de las mujeres tristes", de Marcela Serrano, una escritora chilena que ha ganado varios premios. Ya me lo había mencionado un amigo, así que no dudé en adquirirlo y leerlo.
El rollo es más o menos así:
Una tipa bien chingona ya entrada en años decide hacer de una propiedad que su padre le heredó, en una islita de Chile, un albergue, sí, para mujeres tristes. Iban mujeres de todas las edades, estratos sociales y circunstancias a curar su tristeza, principalmente debida a líos relacionados con sus parejas, por medio de charlas, actividades y tranquilidad.
Ahí va a caer Floreana, una historiadora joven y atormentada por su espantosa soledad y por la reciente muerte de su hermana. Conoce personas muy interesantes, escucha historias, recuerda y se familiariza con situaciones cotidianas que la llevan a un viaje interno, que culmina claro en la auto renovación. Suena muy a cliché, pero la historia es sorprendente.
El libro me pegó bien cabrón, porque lo leí entre enero y febrero, tiempo en el que yo vivía una situación muy parecida al lado no luctuoso del sufrimiento de Floreana; esta parte fue bien fuerte para mi tan vulnerable estado:
Dulce (hermana de Floreana) buscaba su perfume en aquél desorden femenino, aprovechaba sus piernas largas para darles un toque con las sandalias nuevas y una minifalda escandalosa, y esperaba a que Isabella (otra hermana) desocupara la crema para empezar ella la tarea, sensualmente, por los brazos, el vientre... Floreana miraba su propio color avellana, y se preguntaba para qué le servía si no tenía a quién ofrecerlo. El rito veraniego del viernes por la tarde sólo le recordaba lo inútil de su cuerpo; la belleza que el sol le agregaba como un regalo, enteramente desechada.
Tómala... Me deprimió mucho esto, para ser sincera, porque yo estaba en esa situación. No es que ya haya salido, creo que sigo igual, pero ya no me pega tanto... creo. El caso es que en una de sus páginas, Floreana explica que ha elegido la castidad para poder protegerse: "Siente su cuerpo como un estuche cerrado que no debe abrirse, para se desparramen las joyas guardadas ahí". Justo por lo mismo que yo pasaba desde noviembre. Me di cuenta, mientras leía, que no soy la única. Las mujeres que no tenemos suerte en este aspecto solemos pensar de esta manera en algún momento de nuestras vidas en dejar ya esa parte, porque nos permitirá tener un poco de control. Así, quien prescinde, quien no necesita algo, tiene el contro sobre ésto (en algunos casos)... me gustaría saber si los hombres también llegan a pensar así.
No se si este libro les vaya a gustar a los hombres machos masculinos que lo lean (porque, por lo que veo, no tengo una sola lectora mujer, jajaja), porque tiene cosas muy sentimentales, pero no rosas, sino fuertes, pesadas. No es un libro pesimista, sino que te lleva por el mundo de las mujeres de ahora, donde se ha perdido esa clara diferencia entre los roles masculino y femenino, donde está en chino encontrar cosas como la caballerosidad o el deseo de la mujer de dedicarse a su marido, donde las riendas de la conquista ya no son del hombre, y de cómo muchas que no participamos en este cambio nos sentimos perdidas en el espacio, confundidas porque no sabemos cómo actuar con respecto a los hombres y las relaciones afectivas, y tratando de aferrarnos con uñas y dientes a la vida laboral y al primer patán que se nos pone enfrente porque no encontramos ya hombres dispuestos a luchar por nosotras... y no pedimos que maten gente o escalen castillos, simplemente que nos llamen, que nos busquen, que quieran estar con nosotras, que se interesen... por lo menos eso pido yo.
Trata de manera muy sútil la evolución en el pensamiento y depresión de Floreana, y el final es incierto pero esperanzador. El protagonista masculino es casi tan desesperante como los hombres en mi vida (y en la de mis amigas), y ahí se explicaba por qué actuaba de ese modo. Me ayudó a entender varias cosas.
No es un libro excelso, pero sí es interesante y no se si recomendárselos porque no se si les vaya a gustar, pero es de lectura fácil, y sobretodo, ayudará a los hombres a comprender un poco a las mujeres... si no a todas, por lo menos a mí; sentí que me retrataron en el personaje principal. Si por accidente, error, recomendación, churro o lo que sea una mujer llega a caer en mi blog, les archi recomiendo este libro, y a esta escritora en general, es muy buena para describir cosas que no se pueden nombrar.
Miren, la foto de la portada está bien padrísima:
Safe dreams!
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blue mood,
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