Hijos míos, después de enviarles a todos un cordial saludo, tengo el honor de presentarles la segunda entrega de mis narraciones mundiales. En cuanto a ser más breve y quejarme menos... no les prometo intentarlo, pero les prometo que intentaré intentarlo, sí sí.
Nos quedamos en Londres
Tons estábamos en que nadie conocía a los Beatles y en que mi hotel estaba embrujado. Pero en general Londres me gustó. Soy bien fan de la arquitectura gótica, por lo que estaba como escuincla en juguetería en Westminster. El Big Ben es bellísmo, me lo imaginaba más simple. No me subí al London Eye porque la fila para hacerlo era de aproximadamente hora y media. Y el acento inglés me gusta mucho, se oye re chulo, pero tengo serias dificultades para comprenderlo cuando nomás lo oigo. Es decir, si estoy conversando con la persona y lo puedo ver de frente (y hasta leerle los labios) no tengo tanto problema. Pero si es un guía turístico en altavoz, o de lejos, o una persona tras un vidrio, pues bye, entiendo entre el 40 y el 60 por ciento de las cosas que dicen, sino es que menos. Aún así me la pasé bien. No encontramos Abbey Road, pero sí encontramos a mi papá y a mi tío en el cambio de guardia del palacio de Buckingham. Así, en un hecho insólito, mi mamá y mi papá juntos (es como si Shimón Peres y el líder de Hezbollah salieran juntos al cine, pa que me entiendan), con mi tío, mi tía y yo, fuimos al museo Británico. Y nadie se peleó con nadie... yo quería llorar. Pero bueno, después de mi éxtasis cuasi orgásmico producido por tener frente a mí la piedra Roseta, fuimos por las cosas de mi papá y mi tío a su hotel, luego en taxi (caríiiiiiiiiisimos... bueno, todo) fuimos a dejar a mi mamá y a mi tía a nuestro hotel embrujado y recogimos mis cosas, para dirigirnos, ya sólo mi papá, mi tío y yo, al aeropuerto de Heathrow.
Suecia
Llegué a Estocolmo una noche, como a las 11. Un taxista (carísimo) iraquí nos llevó a nuestro hotel. Desde que salí del aeropuerto, me di cuenta que el cielo era como más redondo; además, no estaba acostumbrada a ver tantas estrellas. O sea, me gustó mucho el cielo. El hotel estaba también bonito y grande (a diferencia de el armario embrujado que resultó ser el hotel inglés), por lo que dormí bastante bien y desayuné mucho. Según mi papá teníamos que estar en el barco a la una a más tardar, porque a las dos zarpaba. Entonces, como nos despertamos tarde, nos atragantamos el desayuno y corrimos al puerto en otro taxi (carísimo) conducido esta vez por un iraní, el cual se mostraba felíz de que alguien en Suecia -yo- supiera la diferencia entre los árabes y los iraníes, que no son árabes, son persas, así como los hechos de que los persas (iraníes) inventaron la poesía y la rosa. Llegamos al barco. "¡Somos los últimos!" dijo mi papá, al ver que ya casi no había nadie. Subieron nuestras maletas, nos registramos, etc. Abordamos el barco, estaba de huevos... Nunca me lo imaginé tan híper chido. Nuestro camarote era pequeño y sólo tenía dos camas... pero oh sorpresa, sobre cada cama había dos literas plegables, así que yo dormía en una de ellas. Acomodamos nuestra ropa y demás cosas... cuando entonces, me di cuenta que nos habían dejado unos periodiquitos sobre la cama. Al verlos, leí que decía que zarparíamos hasta mañana. Y en efecto, todas las fechas indicaban que hasta el día siguiente era cuando teníamos que estar a más tardar a la una. Así que bye, salimos a conocer Estocolmo... muy bonito, muy rubios todos, me gusta ABBA... pero pues la neta nomás no fue mi hit. En fin, como lo predijeron las escrituras, zarpamos al día siguiente.
Llegué a Estocolmo una noche, como a las 11. Un taxista (carísimo) iraquí nos llevó a nuestro hotel. Desde que salí del aeropuerto, me di cuenta que el cielo era como más redondo; además, no estaba acostumbrada a ver tantas estrellas. O sea, me gustó mucho el cielo. El hotel estaba también bonito y grande (a diferencia de el armario embrujado que resultó ser el hotel inglés), por lo que dormí bastante bien y desayuné mucho. Según mi papá teníamos que estar en el barco a la una a más tardar, porque a las dos zarpaba. Entonces, como nos despertamos tarde, nos atragantamos el desayuno y corrimos al puerto en otro taxi (carísimo) conducido esta vez por un iraní, el cual se mostraba felíz de que alguien en Suecia -yo- supiera la diferencia entre los árabes y los iraníes, que no son árabes, son persas, así como los hechos de que los persas (iraníes) inventaron la poesía y la rosa. Llegamos al barco. "¡Somos los últimos!" dijo mi papá, al ver que ya casi no había nadie. Subieron nuestras maletas, nos registramos, etc. Abordamos el barco, estaba de huevos... Nunca me lo imaginé tan híper chido. Nuestro camarote era pequeño y sólo tenía dos camas... pero oh sorpresa, sobre cada cama había dos literas plegables, así que yo dormía en una de ellas. Acomodamos nuestra ropa y demás cosas... cuando entonces, me di cuenta que nos habían dejado unos periodiquitos sobre la cama. Al verlos, leí que decía que zarparíamos hasta mañana. Y en efecto, todas las fechas indicaban que hasta el día siguiente era cuando teníamos que estar a más tardar a la una. Así que bye, salimos a conocer Estocolmo... muy bonito, muy rubios todos, me gusta ABBA... pero pues la neta nomás no fue mi hit. En fin, como lo predijeron las escrituras, zarpamos al día siguiente.
En el mar la vida es más sabrosa
Sí que lo es. La mejor forma de viajar es en crucero. Puedes tragar delicioso y gratis 24/7, ir al gym, al spa, al casino, a la alberca, al jacuzzi, al vapor, a la biblioteca, a ver el mar, a chelear, a escuchar música, a bailar, a cantar, a comprar, al cine, al teatro, a un show... a lo que quieras prácticamente todo el día, nomás no puedes aburrirte aunque tengas muchas ganas. Y lo mejor de todo es que no tienes que estar haciendo y deshaciendo maletas ni moviéndote de hotel en hotel. El hotel se mueve contigo! Aparte la tripulación te atiende y sirve tan bien, tan amigables y tan de buena manera que uno llega a sentir que no lo merece. Me la pasé de balls.
Riga
Es la capital de Latvia, que no sé porqué en español se le dice Letonia si nada tiene que ver con su nombre origina... bueno, que empieza con L y termina con a. Lo que más cabe resaltar de Riga fue nuestra guía de turistas... no no no, que mujer tan hermosa. Me dejó impresionada (a mí y a todos los hombres que iban en el tour, por supuesto). Era como Milla Jovovich pero más bonita aún. Y bueno, Riga también estuvo linda, pero nada impresionante... más bien como que está descuidadona y de todos modos no tiene muchísimo que mostrar. Al final, las propinas que le dieron a la guía fueron de hasta 30 euros (nomás de propina! neta!), yo lo vi con estos ojos.
Gdynia/Gdansk
Siempre quise conocer Polonia y no me arrepentí. Llegamos a Gdynia, que es la pequeña y no muy interesante ciudad puerto por donde entraron los nazis a invadir Polonia en 1943. Ahí tomamos un taxi (no muy caro) que nos llevó a Gdansk en 40 minutos. Es definitivamente una de las ciudas más bonitas del mundo... y eso que fue una de las que más resintió la invasión alemana. Las casitas, la plaza, las sombrillas, los edificios (pequeños todos), las iglesias... todo parecía salido de un cuento de hadas, reconstruida de las cenizas de destrucción que dejó la guerra. Me fascinó esta ciudad.
Me despido de esta segunda entrega con un par de imágenes. La primera es de Gdansk actual y luego, de Gdansk en 1945... y esperen pronto la tercera y última reseña. Besitooos.




1 comentario:
jajaja ay ma... como en taxi en estocolmo? jajajaa son extra super mega carisimos, en Juan Compras nos cobraron casi 100 varos por un trayecto como del tec a la UVM jaajaa
me da gusto leer q te fue bien! :) y q hayas estado con tus ambos dos padres y no haya habido tragedias
te quiero muchoo
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