jueves, 23 de abril de 2009

Conflictos existenciales

En vez de pagar un psicólogo, les contaré:

Mis papás son abogados. Mis tíos son abogados. Mi abuelo era abogado. Todos los adultos que conocí en mi infancia eran abogados, y siempre hablaban de cosas de abogados. Y todos, sí, todos, penalistas.

Yo estudié derecho. No me pregunten por qué, porque no lo sé. Yo siempre supe que mi vocación era más científica. Quería ser médico. Creo que soy una ortopedista frustrada. Además, tengo muy buen ojo clínico.

De chiquita mi mamá tenía unos libros de medicina; más bien eran como pequeñas enciclopedias, con 5 o 6 tomos cada una. En ellas venían explicadas algunas enfermedades, los procesos, los síntomas, los tratamientos. También tenía el famoso Vademecum, con las medicinas existentes hasta el momento de edición del libro (1988), su fórmula, su uso, sus reacciones, etc. Toda esa fuente de literatura medicinal constituyeron mis primeros libros de cuentos infantiles. Los leía una y otra vez, repasaba las ilustraciones, y bien Matilda, aprendí muchísimo a mis 5 años, cientos de cosas que aún recuerdo a la perfección. Yo sabía que iba a ser médico. Diecisiete años después, soy licenciada en derecho (porque definitivamente no soy abogada), me dedico a la materia penal, y no me causa gracia.

Mis compañeros del trabajo creen que soy morbosa, pero la verdadera razón de estar siempre urgando en los expedientes es saber de qué murió la víctima, cuáles fueron las lesiones, cómo se curaron si aún está vivo, dónde golpeó el que iba manejando, qué huesos le rompieron al atropellado, qué órganos penetró el arma blanca... y hasta ahora la verdad es que mi trabajo me agradaba bastante, ya que aparte de entretenerme muchísimo con ésto, podía ver nombres feos y un chango de faltas de ortografía. Era muy divertido. Pero mi esquema cambió antier.

Fuera del conflicto milenario que tengo y siempre tendré con mi carrera y mi frustración medicinal, tengo un conflicto aun más grande. Mis papás se divorciaron cuando yo tenía 12 años. Sí, yo sé que eso no es mi culpa. Lo que me atormenta es lo injusta que fui con mi papá durante los siguientes 8 ó 9 años. Injusta en serio. No lo invité a mis 15 años, con todo y que él pagó mi vestido. No le hablé por más de un año. Venía a visitarme desde Puebla (donde él vive) y a veces no le abría la puerta... pobre de mi papi. Además él se quedó solo. 'Hijita, muñequita, por qué no me contestas? ¿qué te hice?' me preguntó durante mucho tiempo. No me daba cuenta de que él nunca me había hecho nada malo; yo sólo era el reflejo de los conflictos que mi mamá tenía con él, y hacía todo lo que mi mamá me decía que hiciera. Ahora mi papá y yo tenemos una muy buena relación, soy -y siempre he sido- su consentida, me adora y gracias a Dios ya abrí los ojos, pero hay cosas que nunca me voy a perdonar, porque no puedo volver el tiempo atrás, porque no puedo compensar los años de soledad y tormento que mi papá pasó. Es muy buen hombre y lo quiero mucho. Los dos tuvieron sus razones para separarse, los dos cometieron errores... ¿Quién soy yo para juzgarlos?

Todo esto pronto tendrá sentido, denme un par de minutos más.

Antier me llegó un caso en donde un hombre mata a su esposa de un disparo en el cuello, frente a sus dos hijas de 15 y 17 años. Ellos estaban separados, y en una ocasión peleaban, comenzaron a forcejear, él sacó una pistola y disparó. Mi primer reacción fue un coraje tremendo: 'pinche idiota, estúpido, maldito, qué le pasa...'. Sobretodo cuando me enteré de que tenía que transcribir su demanda, que venía en 104 hojas oficio, a mano, en cursiva y a renglón seguido. Eso sí, tiene muy bonita letra, pero a veces es difícil de entender. El señor es abogado, por lo que su demanda constituye un verdadero tratado sobre por qué tienen que bajarle la pena (le dieron 34 años de cárcel) ya que el arma se detonó, según él, accidentalmente. Dice que él sí traía el arma, que en el forcejeo estaba a punto de caerse de donde la tenía y estaba nervioso de que la pistola, al golpear el piso, fuera a dispararse contra sus hijas, así que la sacó para acomodarla, momento en el que su esposa lo empujó y el arma se disparó. Voy en la página 37, y no quiero seguir. Sus hijas testifican en su contra, hasta se carean con él, lo llaman asesino (lo cual es cierto, claro) y le dicen que lo odian (lo cual suena lógico). Me parece un caso terrible, uno de los más espantosos que me han tocado, y eso que he visto casos que de plano me han quitado el sueño.

Cuando comencé la transcripción de las 104 fojas pensaba 'pinche tipo obsesivo, qué no sabe que en las cárceles hay talleres de manualidades....' etcétera. Luego me di cuenta del dolor con el que escribe, de cómo transcribe las declaraciones de sus hijas una y otra vez, palabra por palabra, de su letra que se deforma, de las lágrimas que a veces cayeron sobre su escrito haciendo dos o tres palabras inteligibles, de cuando les grita, tras la reja de acusado: 'Hijitas, por favor, mírenme, ustedes me conocen, saben que yo no podría... bebita, muñeca, yo no quería que esto pasara [lágrimas]'. Ya no quiero seguir, no puedo. Sí, yo sé que el tipo hizo algo terrible y lo que quieran... pero no quiero ser yo quien lo juzgue. No quiero, de veras no quiero... ¿quién soy yo para decidir si es culpable o no? ¿Cómo puedo saber si dice la verdad? ¿Qué puede devolverle a esas niñas a su madre, y sobretodo, la paz mental que perdieron después de lo que presenciaron y después de que su papá estará en la cárcel el resto de su vida?

Ya no puedo ser abogada. Este trabajo es para gente que no tenga traumas personales. Me dedicaré a vender tamales o algo, pero de plano no puedo seguir aquí. No por mucho tiempo.

3 comentarios:

Unknown dijo...

La verdad es que es cierto que el ejercicio del Derecho nos acerca demasiado a partes de la gente que a veces no queremos conocer, nos desensibiliza y nos quita la capacidad de impresionarnos de los que es capaz la gente de hacer por dinero, propiedades, por joder, etc. Vamos, hemos visto familiar desintegrarse por herencias... Y además nos obliga a tomar partido y a juzgar necesariamente...
Yo igual que como te pasa a tí he sentido decepción y tristeza, me he sentido "malo" prejuzgando cuando lo hice mal y decepcionado de confirmar mis malos pensamientos cuando lo hice bien, pero no por ello dejo de amar mi profesión ni creo que he perdido mi sensibilidad...
Por el contrario, creo que ver tan de cerca todo lo que la gente es capaz me ha llevado a apreciar mejor el lado amable de la gente, me ha impulsado a mejorar en mi vida personal y a buscar ayudar a quienes tengo cerca...
Veo en la profesión un camino para cambiar las cosas, para acercarme a la gente y producir verdaderos cambios en su vida...
Se que además la materia penal es más complicada, pero sabemos bien que la gente rara vez es mala por la única razón de querer serlo, casi siempre toda conducta es explicable aunque no siempre justificable...
De cualquier forma Karlita, todos sabemos que tu vas a ser muy buena haciendo lo que hagas, y creemos que al final vas a dedicarte a hacer lo que en verdad te apasiona, y todos estaremos orgullosos de tí como siempre lo hemos estado... Besos amiga

Dirty Lil' Thing dijo...

Jeje, haré unos muy buenos tamales de piña con nuez XD
Ves que siempre te dije que nunca podría dedicarme a la materia familiar? Pues he aquí un ejemplo de lo mucho que me puede llegar a transtornar y tocar mis fibras de trauma, jajajaja.
Muchas gracias Sergie!!! te adoro amigo!!!

Alebrijemx dijo...

Me identifico contigo mis papás se separaron cuando yo tenía 10 y mi única referencia durante mucho tiempo fue mi mamá, que no la culpo, pero transmitio sus traumas personales a mi hermano y a mí, así que como te imaginaras cuando nos fuimos de la casa mi mamá no dejo ni dirección ni número de telefono, mi papá de alguna manera lo investigo y un día apareció con algunos regalos pidiendo perdón, para ser honestos mi hermano y yo fuimos duros, porque esa era la solidaridad que mi mamá había inculcado en nosotros afortunadamente el insitió, nos llevo de vacaciones a la playa, nos volvimos a conocer y yo decidí que me iba a vivir con él por un tiempo, nuestra relación mejoro con y saque mis propias conclusiones. Se que a mi ma no le agrado que no estuviera tan de su lado, pero no me arrepiento porque ni él ni mi ella son malas personas, solamente no pudieron seguir juntos, tampoco puedo sacar conclusiones de si hice bien o mal al ser menos solidario con mi mamá o si trate bien o mal a mi papá con alguna justificación, me aboco al resultado, el día de hoy veo a mi mamá una o dos veces por semana y somos una familia y a mi papá tres o cuatro (somos socios inclusive) y lo somos también.
Saludos, Diego